La reciente efeméride del 35 aniversario de la erupción del volcán Hudson en la Región de Aysén ha suscitado un renovado debate sobre la preparación de la ciudadanía ante posibles eventos volcánicos en Chile. Este fenómeno natural, que tuvo lugar entre junio y diciembre de 1991, se recuerda no solo por su magnitud, con un Índice de Explosividad Volcánica de 5, sino también por las devastadoras consecuencias que tuvo para la región y sus pobladores. La dispersión de cenizas afectó a vastas áreas del sur de Chile y Argentina, convirtiendo al Hudson en un símbolo del potencial destructivo de los volcanes activos del país.
Expertos como Felipe Aguilera, volcanólogo y director del Instituto Milenio Ckelar Volcanes, advierten que, aunque el monitoreo volcánico ha mejorado significativamente desde la erupción del Hudson, persisten desafíos que deben ser abordados con urgencia. Durante la erupción, el escaso monitoreo instrumental dejó a la población y a las autoridades sin las herramientas necesarias para gestionar adecuadamente la emergencia. Actualmente, si bien existe una red de vigilancia permanente, Aguilera destaca la necesidad de ampliar la cobertura en volcanes que presentan actividad potencial, enfatizando que eventos como el del Chaitén podrían repetirse en el futuro.
La preparación de la ciudadanía es esencial, sostiene Aguilera. En comparación con la cultura sísmica que ha prevalecido en el país, la conciencia sobre los riesgos volcánicos todavía es insuficiente. «La mayoría de las personas sabe cómo reaccionar frente a un terremoto o un tsunami, pero con los volcanes estamos en deuda», afirma el experto. La educación y la información sobre los volcanes y sus potenciales amenazas se vuelven vitales para que la población esté mejor preparada ante una eventual emergencia eruptiva.
El aniversario de la erupción del Hudson, que sigue ocupando el puesto 12 en el ranking de riesgo específico de volcanes activos de Sernageomin, no solo es un recuerdo de un evento pasado, sino una oportunidad para reflexionar sobre el presente y el futuro de la gestión del riesgo volcánico en Chile. Con cerca de 90 volcanes activos, los esfuerzos deben concentrarse en robustecer la infraestructura de monitoreo y en ofrecer estrategias efectivas de comunicación y educación volcánica a la ciudadanía. Aguilera reitera que fortalecer el conocimiento sobre los volcanes no solo puede salvar vidas, sino también fomentar una cultura proactiva frente a los desastres naturales.
Finalmente, el volcán Hudson sirve como recordatorio de que, en un país con una geografía tan volcánica, la preparación y la respuesta ante erupciones deben ser prioridad. Sin duda, el camino hacia una ciudadanía más informada y un sistema de monitoreo más efectivo es un esfuerzo conjunto que involucra a las autoridades, instituciones científicas y la participación activa de la comunidad. Así, el legado de la erupción del Hudson puede ser, no solo una lección del pasado, sino un catalizador para avanzar hacia un futuro más seguro frente a un posible desastre volcánico.













