Cada vez más compañías chilenas están tomando acciones concretas para disminuir el impacto ambiental de sus cadenas de suministro.
La medición y reducción de la huella de carbono se ha convertido en un pilar estratégico que impulsa tanto la sostenibilidad como la competitividad en el mercado global.
La logística, conocida como la columna vertebral que mueve bienes y servicios esenciales para nuestra vida diaria, también es responsable de una gran parte de la contaminación mundial.
Se estima que esta actividad representa alrededor del 25% de las emisiones globales de CO2, una tendencia que se replica en Chile debido al predominante uso de combustibles fósiles en el transporte.
Según el Barómetro de Logística de Comercio Exterior 2024, el porcentaje de operadores que actualmente miden su huella de carbono en Chile se duplicó en apenas un año, pasando de un 10% a un 20%.
¿Qué es la “Logística verde”?
Este avance refleja un interés al alza de las empresas en adoptar prácticas más responsables con el medio ambiente, en línea con la llamada «logística verde», un conjunto de acciones orientadas a minimizar el impacto ambiental en toda la cadena de suministro.
Entre las estrategias se destacan la optimización del uso de recursos, la disminución de emisiones y el aprovechamiento de tecnologías para la eficiencia de las operaciones.
La sostenibilidad en la cadena de suministro, según expertos, no solo ayuda al planeta, sino que también fortalece la competitividad empresarial. Implementar medidas que reduzcan la huella de carbono permite a las empresas alinearse con los desafíos globales sin sacrificar su crecimiento.
Por ello, se advierten tres grandes tendencias que marcarán el futuro: el uso de inteligencia artificial, la gestión eficiente de la energía y la optimización operativa, lo que obligará a las compañías a replantear sus estrategias si quieren mantenerse relevantes.
Chile enfrenta un desafío adicional: su lejanía geográfica. En el país, las distancias con los principales socios comerciales son tres veces mayores que el promedio mundial. Esta realidad obliga a Chile a tener una logística eficiente no solo para reducir costos, sino también para poder acceder y mantenerse en mercados internacionales cada vez más exigentes en materia ambiental.
Hoy, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero dejó de ser un simple valor agregado para transformarse en un requisito indispensable. En Europa, por ejemplo, algunas grandes cadenas de retail ya piden a sus proveedores demostrar prácticas sostenibles o les ofrecen beneficios en licitaciones.
Además, ser más eficiente en logística no solo ayuda al medio ambiente, sino que también se traduce en menores gastos operativos y en una mejor preparación ante futuras normativas.
Una muestra de ello es la Estrategia Nacional de Electromovilidad, que busca que el 100% de las ventas de vehículos livianos y medianos sean de cero emisiones para 2035 y que esta meta se extienda al transporte de carga terrestre para 2045.













