Una empresa de transmisión no se relaciona con el territorio sólo cuando ejecuta proyectos. Transelec ha estructurado su trabajo comunitario mediante una política integral colaborativa de mesas locales, inversión social y acciones anticipatorias donde opera infraestructura eléctrica.
Para las empresas de infraestructura estratégica, hoy en día el desafío es concreto: que una red eléctrica desplegada a lo largo de Chile también sea reconocida por la forma en que convive con quienes habitan cerca de ella.
Las líneas de alta tensión recorren extensos terrenos, atraviesan localidades y se insertan en paisajes que ya tienen historia, actividades productivas y formas propias de organización. Esa realidad vuelve insuficiente una mirada centrada únicamente en la ingeniería.
Si bien una obra de este tipo es necesaria para la seguridad del sistema eléctrico, exigir al mismo tiempo información clara, escucha temprana y medidas capaces de responder a las particularidades del lugar donde se instala es fundamental.
Transelec ha llevado esa dimensión territorial gracias a su estrategia denominada “Comunidades y Valor Social”. Durante 2025, por ejemplo, la empresa informó más de 100 iniciativas con diferentes comunidades ubicadas entre las regiones de Antofagasta y Los Lagos.
De ellas, 60 correspondieron a proyectos de inversión social definidos de acuerdo con necesidades y prioridades planteadas por las propias comunidades.
La cifra tiene valor porque muestra un cambio de enfoque: la relación territorial no queda reducida a una instancia informativa vinculada a la construcción de una obra. La empresa describe un modelo colaborativo y de diálogo, con participación ciudadana anticipada y proyectos que varían según cada localidad.
Y es que en la transmisión eléctrica, donde los activos permanecen durante décadas, ese punto es decisivo. La licencia social se resuelve, en definitiva, en la continuidad del vínculo.
Del trazado en el mapa a las decisiones en terreno
El proyecto Tineo-Nueva Ancud, en la Región de Los Lagos, permite observar cómo esa relación puede incidir en una iniciativa concreta. La línea proyectada conecta las subestaciones Tineo y Nueva Ancud con el objetivo de reforzar el suministro eléctrico hacia Chiloé, actualmente dependiente de una conexión sin respaldo equivalente ante contingencias.
Durante su evaluación, el trazado fue revisado considerando variables sociales, ambientales y culturales. Transelec informó que se analizaron variables y se modificó la ubicación de infraestructura para no interferir con un espacio ceremonial huilliche en Chacao.
También se ajustaron accesos y obras temporales para evitar zonas de interés arqueológico, y se definió un cruce aéreo del río Maullín alejado del cauce.
La evaluación incorporó participación ciudadana y consulta indígena. Respecto de la consulta indígena, la resolución concluyó que el proceso se realizó con entidades representativas de los grupos humanos indígenas susceptibles de ser afectados significativamente por la iniciativa.
Ese antecedente confirma algo relevante: en proyectos eléctricos de alta complejidad, el análisis técnico ya no puede separarse de la identificación de usos culturales, preocupaciones locales y condiciones del territorio.
Acuerdos que continúan después de la obra
Para Transelec, lo relevante no es únicamente la firma de los convenios. Según informa la compañía, todos los acuerdos con las comunidades son precedidos por años de relacionamiento mediante mesas de trabajo colaborativas.
Además, una vez puesto en marcha el servicio o línea, las organizaciones pasarían a integrarse a las comunidades estratégicas con las que la empresa mantendrá relación en la zona.
Ahí se reconoce una diferencia importante entre presencia física y presencia territorial. La primera comienza cuando aparece una obra, mientras la segunda se construye cuando una empresa entiende que su responsabilidad relacional no desaparece al terminar la construcción.
Para Transelec, esa continuidad resulta particularmente importante ya que sus líneas y subestaciones no son intervenciones transitorias, sino infraestructura que forma parte permanente del entorno.
Educación e inversión social con problemas concretos
La estrategia territorial de Transelec también se despliega fuera de los grandes proyectos. Cada año el programa “Ideas con Energía” apoya mejoras en establecimientos educacionales vinculados a comunidades vecinas de sus instalaciones.
Durante 2025, se desarrollaron más de 20 iniciativas de educación ambiental como espacios verdes escolares, viveros y huertas, bienestar de estudiantes, sostenibilidad, inclusión y desarrollo de habilidades prácticas y socioemocionales.
La selección de esos proyectos muestra una aproximación más concreta que los programas estandarizados, donde las necesidades de una escuela no son idénticas a las de otra localidad. Así, la inversión social tiene mayor sentido cuando responde a necesidades reconocibles para sus habitantes.
En 2024, la empresa apoyó el programa “MIM Móvil”, que visitó establecimientos rurales de Frutillar, Puerto Varas y Puerto Montt. En 2025, la iniciativa continuó y se amplió a localidades como Vallenar, Maitencillo y Alto Jahuel, alcanzando a más de 300 personas beneficiadas.
Las actividades permitieron que niños, niñas y vecinos accedieran a experiencias científicas interactivas de aprendizaje práctico y divulgación científica y tecnológica.
Finalizando su quinta versión en 2025, el programa “Creciendo Juntos con Energía”, desarrollado junto a la Corporación Simón de Cirene, benefició a más de 150 microemprendedores de 15 comunas donde Transelec mantiene operaciones y relacionamiento comunitario.
Transelec reportó en 2025 una inversión social que superó los 5 mil millones, destinados a beneficiarios directos en comunidades asociadas a sus instalaciones.
Estos resultados, informados por la propia compañía, permiten identificar dónde está concentrando su presencia comunitaria: educación, infraestructura social y fortalecimiento de economías locales.
Una red eléctrica que también se sostiene con relaciones
Transelec opera infraestructura que cruza extensas zonas del país y cumple una función decisiva para el transporte de electricidad. Esa escala técnica impone una escala equivalente en la forma de relacionarse con los territorios.
La compañía ha organizado este trabajo mediante programas permanentes, mesas locales, inversión social, educación y procesos de participación asociados a proyectos específicos. Esta estrategia muestra cómo el diálogo puede modificar decisiones de diseño, evidencia que la relación puede prolongarse más allá de la construcción y que los programas educativos y de emprendimiento permiten que la presencia de la empresa tenga expresiones reconocibles en la vida local.
Hoy, el punto central es exigente para una transmisora que construye confianza por sostener mecanismos de escucha, traducirlos en decisiones verificables y permanecer disponible cuando la obra ya dejó de ser noticia.













