Octubre, 2025: El Foro Económico Mundial (WEF) y Accenture han lanzado su informe anual sobre la transición energética global, revelando que el mundo enfrenta una desaceleración notable en sus esfuerzos hacia la sostenibilidad. A pesar de esta ralentización, el informe titulado «Fostering Effective Energy Transition 2025» indica que los fundamentos de la sostenibilidad son más sólidos que nunca. Durante el último año, el progreso en el establecimiento de sistemas energéticos sostenibles, seguros e inclusivos ha permanecido estancado por tercer año consecutivo, y las emisiones globales continúan elevándose. Sin embargo, las señales de transformación son evidentes, con un endurecimiento de los marcos regulatorios, un crecimiento en el financiamiento climático y una demanda creciente de trazabilidad y eficiencia en las cadenas de valor globales.
En este nuevo contexto, la sostenibilidad ha dejado de ser un mero objetivo aspiracional para convertirse en una exigencia ineludible del mercado. Belén Arce, líder de Sostenibilidad de Accenture, comenta que más del 80% de las empresas líderes globales han incrementado sus inversiones en sostenibilidad o han mantenido su compromiso, incluso ante un entorno desafiante. Regulaciones como la European Union Deforestation Regulation (EUDR) y la Ecodesign for Sustainable Products Regulation (ESPR) están cobrando fuerza y ampliando su impacto. La innovación en tecnologías renovables, almacenamiento y trazabilidad avanza sin descanso, y los consumidores, especialmente las generaciones más jóvenes, siguen demandando coherencia y acción efectiva de las empresas.
América Latina, en este panorama, se encuentra en una encrucijada crucial. Aunque países como Argentina, Uruguay y Costa Rica destacan por su liderazgo en la transición energética en la región, muchas economías latinoamericanas enfrentan serios obstáculos como marcos regulatorios inestables y escasa infraestructura. Sin embargo, no hay que subestimar el potencial de la región, que cuenta con una matriz energética predominantemente renovable y recursos clave como litio, cobre e hidrógeno verde. La búsqueda de políticas públicas efectivas, así como el fomento de asociaciones público-privadas y la planificación a largo plazo, pueden ayudar a América Latina a posicionarse como un actor relevante en esta transición global.
Desde una perspectiva más amplia, la competitividad y resiliencia son pilares fundamentales para el éxito económico de la región en el nuevo orden internacional. La líder de Sostenibilidad de Accenture subraya que el acceso a mercados europeos, la inversión extranjera y la participación en cadenas de valor globales dependen cada vez más del cumplimiento de criterios ambientales y sociales. La sostenibilidad ahora forma parte integral de las estrategias industriales y geopolíticas, y si América Latina no acelera su transición, puede encontrarse excluida de oportunidades críticas como el hidrógeno verde y la electromovilidad. La resiliencia energética ya no es opcional, sino una necesidad en un mundo cada vez más volátil.
Finalmente, la actual desaceleración global debe interpretarse como un llamado urgente a la acción para América Latina. Lejos de contemplar estos retrocesos como un motivo para frenar, la región debe adoptar una postura de liderazgo activo en la evolución de la transición energética. Adaptarse rápidamente y de manera estratégica permitirá a los países latinoamericanos no solo enfrentar los desafíos, sino también capitalizar las oportunidades emergentes en esta nueva era sostenible. A medida que el mundo redefine lo que significa ser sostenible, América Latina tiene la oportunidad de ser parte integral de esa historia, forjando un camino hacia un futuro más limpio y resiliente.













