La creciente complejidad de la crisis hídrica en Chile está impulsando un cambio en la forma en que se produce y distribuye el agua en el país. Con más de 1,5 millones de personas viviendo en zonas declaradas en sequía y la perspectiva de que la disponibilidad de agua en el norte y centro del país pueda caer hasta un 50% hacia el año 2060, se vuelve imperativo encontrar soluciones innovadoras. En este contexto, las soluciones modulares se presentan como una alternativa estratégica, favoreciendo el acceso al agua en comunidades marginadas, sectores productivos y territorios aislados, complementando los necesarios proyectos estructurales a largo plazo.
Ivo Radic, gerente general de VIGAflow, señala que el enfoque del debate hídrico debe ampliarse más allá de la construcción de grandes infraestructuras que suelen tardar años en ser aprobadas y puestas en marcha. Propone la incorporación de sistemas modulares, que pueden proporcionar agua potable o para riego en menores volúmenes de hasta 50 litros por segundo, especialmente en regiones donde las obras mayores no son factibles. «El tiempo es un factor crucial. Las plantas modulares pueden estar operativas en meses, mucho más rápido que los plazos de permisos que requieren las grandes obras».
Las tecnologías modulares no solo ofrecen rapidez en la instalación, sino que también presentan una flexibilidad técnica significativa. Un solo sistema modular puede tratar distintos tipos de agua, desde salobre hasta efluentes, permitiendo personalizar la producción en función de las necesidades locales. Radic destaca que la verdadera limitante no es la tecnología, sino las regulaciones que todavía obstaculizan el reúso de aguas residuales tratadas y la utilización de aguas grises, lo cual es urgente abordar para maximizar el aprovechamiento del recurso hídrico.
Otra ventaja de las tecnologías modulares es su capacidad para integrar energía renovable y sistemas de recuperación en procesos de ósmosis, haciendo que la producción de agua sea más sostenible y accesible. Radic pone como ejemplo la coexistencia del agua purificada con concentrados salinos, que, en lugar de ser un residuo, se puede utilizar en cultivos resistentes, como la quinoa, transformando así el desecho en un recurso útil. Esta dualidad no solo ayuda a aliviar la presión sobre las fuentes de agua tradicionales, sino que promueve prácticas agrícolas más sostenibles.
El debate sobre la crisis hídrica en Chile tomará un giro importante en el Congreso ACADES 2026, donde se discutirán estas soluciones modulares y su papel junto a las grandes obras de infraestructura hídrica. Radic enfatiza que estas tecnologías representan no solo una respuesta a la escasez de agua, sino también una oportunidad para generar desarrollo local, empleo técnico y conocimientos en la industria. A medida que Chile enfrenta el desafío de asegurar agua para la vida y producción, la combinación de infraestructura tradicional y soluciones modulares puede ser esencial para un futuro sostenible.













