En la costa sur de Perú, el Proyecto Chala ha revolucionado el acceso a agua potable en comunidades vulnerables gracias a la instalación de un sistema de desalación modular. Cuatro contenedores equipados con tecnología de filtración, ultrafiltración y ósmosis inversa están generando un suministro diario de hasta 6.000 m³ de agua potable. Esta innovadora iniciativa ha transformado la forma en que estas localidades enfrentaban la escasez hídrica, que anteriormente dependían de camiones aljibe para recibir agua, lo que a menudo resultaba en un suministro irregular y poco fiable.
La experiencia del Proyecto Chala no es solo un caso aislado, sino que se erige como un modelo replicable que abre la puerta para abordar problemas más amplios relacionados con la escasez de agua en la región. En un contexto donde el cambio climático y el crecimiento demográfico han exacerbado la crisis hídrica, la integración temprana en el mercado de soluciones sostenibles es clave. Los desarrolladores y responsables políticos tienen la oportunidad de posicionarse como actores estratégicos que pueden fomentar más proyectos de desalación modular a lo largo del litoral peruano.
Este avance en la tecnología de desalación también tiene implicaciones más allá de Perú, ya que la experiencia puede extenderse a las caletas de pescadores y comunidades aisladas en Chile y otras partes de la región. En estos lugares, la ineficiencia de la distribución de agua por camiones aljibe es un problema persistente. La alternativa de la desalación, especialmente cuando se alimenta por fuentes de energía renovable como la energía undimotriz y solar, abre nuevas posibilidades para un suministro de agua autónomo y sostenible en áreas con acceso limitado a la red eléctrica.
La filosofía detrás de la desalación modular enfatiza la necesidad de asegurar una producción de agua limpia sin generación de emisiones dañinas para el medio ambiente. Este enfoque no busca reemplazar proyectos de gran escala, sino complementarlos con soluciones inmediatas que respondan a las necesidades locales. De este modo, se logra una «acupuntura territorial» en el acceso al agua, donde las intervenciones estratégicas no solo proporcionan agua potable, sino que también promueven la resiliencia comunitaria y regeneran el tejido social y ambiental.
La lección del Proyecto Chala es clara: el mar no solo es un recurso para proveer agua a la gran minería o a los grandes centros urbanos, sino que también puede ser vital para el futuro de comunidades enteras. Con la tecnología probada y un nuevo enfoque hacia la sostenibilidad, el desafío ahora es liderar un cambio de paradigma que asegure la justicia hídrica y la autonomía energética en cada territorio. Carlos Fredes García, Gerente de Desarrollo de Oneka Chile, enfatiza la urgencia de adoptar estos modelos para garantizar un acceso equitativo al agua y enfrentar de manera efectiva la crisis hídrica que afecta a muchas poblaciones.













