En el contexto de la creciente preocupación por la sostenibilidad ambiental, se han reportado 395 proyectos en evaluación ambiental en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) en Chile. De estos, más de un tercio, concretamente el 35%, corresponde a iniciativas energéticas, constituyendo una área crítica debido a la magnitud de la inversión y el potencial impacto ambiental. Le siguen los proyectos inmobiliarios, que representan un 17%, y la minería con un 14%. Estos sectores suman un estimado de inversión de USD $38.170 millones, lo que resalta la importancia de una gestión adecuada de los permisos para garantizar que estos proyectos no solo sean viables económicamente, sino también sostenibles desde el punto de vista ambiental.
El concepto de «Permisología» ha pasado del ámbito técnico al político en el último año, evidenciando una creciente relevancia en el debate sobre cómo se gestionan los permisos en Chile. Durante la evaluación ambiental, Karen Lassalle, Gerente de Evaluación Ambiental y Permisos de GHD Chile, señala que se presentan cuellos de botella significativos, provocados en gran parte por observaciones repetidas sobre aspectos como la calidad de las líneas de base, la evaluación de impactos acumulativos y la gestión del recurso hídrico. Esto pone de manifiesto la necesidad de una mejora sustancial en el proceso de evaluación para abordar de manera eficiente estos frenos, que impactan no solo en plazos, sino también en la legitimidad de los espacios de participación ciudadana.
La complejidad inherente a sectores como el energético y el minero, que requieren rigurosos estudios ambientales, plantea retos únicos durante el proceso de evaluación. Estos desafíos no solo provienen de la extensión territorial de los proyectos, sino también de su superposición con áreas de alta sensibilidad ambiental. Según Lassalle, abordar la eficiencia y la coordinación desde la fase de evaluación es fundamental. Mejorar la calidad de los estudios de impacto ambiental y la comunicación entre los organismos reguladores podría generar un avance significativo en la reducción del tiempo de tramitación sin comprometer los estándares ambientales.
Además, la opinión de expertos destaca que muchos de los cuellos de botella pueden prevenirse si los estudios ambientales incluyen desde el inicio criterios técnicos que respondan a las exigencias sectoriales. Diversas oportunidades de mejora se presentan al considerar esta perspectiva, tales como fortalecer la etapa de prefactibilidad ambiental, diseñar estudios más integrados, y fomentar la tramitación paralela basada en datos sólidos. De igual manera, se sugiere implementar avances tecnológicos como herramientas de inteligencia artificial para optimizar tanto la elaboración como la revisión de expedientes ambientales, lo que podría traducirse en una reducción de tiempos de espera sin sacrificar requisitos.
Finalmente, desde GHD se enfatiza que el foco no debería estar únicamente en la simplificación de permisos, sino en la elevación de los estándares y en la integración de evaluaciones ambientales. Este enfoque podría facilitar que los proyectos avancen con mayor certeza y legitimidad social, disminuyendo los reprocesos y existiendo una planificación ambiental más estratégica desde las etapas tempranas. Con la correcta implementación de estas mejoras, Chile podría estaría en una mejor posición para equilibrar el desarrollo económico con la protección del medio ambiente.













