En un contexto de creciente escasez hídrica, Chile se encuentra en una encrucijada crítica en la gestión de sus recursos hídricos. La desalación y el reúso de agua se han perfilado como soluciones viables y sostenibles para satisfacer la demanda, especialmente en sectores como la minería y la agricultura. Sin embargo, el enfoque en la capacidad de generar agua a través de estos métodos a menudo ignora un aspecto crucial: la logística del transporte del agua desalada a grandes distancias y alturas, un reto que incide directamente en la sostenibilidad y la viabilidad económica de estos proyectos.
El proyecto Quebrada Blanca II (QB2) ilustra la magnitud de este desafío, ya que se requiere bombear agua desalada a más de 4.300 metros sobre el nivel del mar a través de un ducto que se extiende por 165 kilómetros. Este esfuerzo no solo representa un avance en la seguridad hídrica nacional, sino también un considerable consumo energético y un aumento en los costos operacionales. Paulo Cruz, Business Development Manager de ANDRITZ, destaca que para abordar estos proyectos es esencial integrar la logística de bombeo y transporte desde las etapas iniciales de diseño, asegurando que se conviertan en componentes fundamentales del sistema integral de manejo del agua.
En su labor, ANDRITZ colabora con empresas de construcción y clientes para definir soluciones que van desde la captación de agua hasta su distribución. Cruz subraya la importancia de diseñar sistemas hidráulicos que no solo sean robustos y eficientes, sino que también garanticen una operación segura y flexible en el tiempo. Utilizando tecnología avanzada, como bombas centrífugas de alta eficiencia, la compañía se adapta a las necesidades específicas de cada proyecto, lo que se traduce en una mejora de la eficiencia energética y en la reducción de costos a largo plazo.
La digitalización también está revolucionando el sector hídrico. Los proyectos actuales están incorporando altos niveles de automatización mediante el uso de sistemas SCADA y plataformas IIoT, lo que permite optimizar el consumo energético y mejorar la gestión operativa. Cruz señala que estas innovaciones no solo ayudan a coordinar las múltiples fases de operación, sino que también facilitan la detección de fugas a través de plataformas predictivas, lo que incrementa significativamente la seguridad operativa de los sistemas de agua.
Mirando hacia el futuro, la innovación se centrará en la sostenibilidad a largo plazo. Paulo Cruz menciona el uso de sistemas de bombas que operan como turbinas, lo que permite recuperar energía hidráulica que de otro modo se desperdiciaría. Esta integración no solo optimiza el uso de recursos, sino que también contribuye a la reducción de los costos energéticos y, en última instancia, a la seguridad hídrica de Chile. De este modo, el país no solo enfrenta los desafíos de la desalación, sino que también se posiciona para un manejo más eficiente y sostenible de sus recursos hídricos en el futuro.













