En octubre de 2025, Santiago se enfrenta al reto del cambio climático, que se ha vuelto más que una preocupación: es una realidad palpable que afecta a todo el planeta. La Organización Meteorológica Mundial ha alertado sobre un nuevo récord en las concentraciones de CO₂, que alcanzaron 423,9 partes por millón, marcando un alarmante aumento del 11,4 % en solo 20 años. Este fenómeno ha transformado los patrones climáticos y exige a los países del mundo adoptar medidas urgentes y efectivas para mitigar sus efectos, un imperativo que ha dejado a muchos gobiernos reevaluando sus políticas ambientales. En Chile, el panorama está cambiando a medida que se introducen nuevas normativas necesarias para abordar este desafío global.
Este año, el gobierno chileno ha dado pasos significativos hacia la sostenibilidad ambiental. La aprobación en febrero de un nuevo reglamento sobre las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a nivel industrial es un avance clave que respalda los objetivos de la Ley Marco de Cambio Climático. Este reglamento establece límites claros para las emisiones de CO₂, lo que no solo busca alcanzar la carbono neutralidad para el 2050, sino que también refuerza el compromiso de Chile en la lucha contra el cambio climático. Estas políticas son fundamentales en un contexto donde el país busca liderar acciones efectivas que puedan servir como modelo para otros en la región.
En respuesta a estas exigencias regulatorias, el sector privado chileno está adoptando un rol más activo en la compensación de sus emisiones de carbono. Según datos del Sistema de Compensación de Emisiones 2024, las empresas lograron compensar 4,4 millones de toneladas de CO₂ para el año fiscal 2025, lo que refleja un creciente compromiso en la gestión de su huella de carbono. Empresas como BASF están liderando el camino mediante la implementación de innovaciones que no solo ayudan a medir su huella de carbono, sino que también permiten a sus clientes, desde mineras hasta empresas agrícolas, evaluar y reducir sus propias emisiones. Este enfoque colaborativo es esencial para cumplir con las exigencias regulatorias y contribuir a los objetivos de sostenibilidad del país.
BASF Chile, una de las empresas más destacadas en este ámbito, ha estado monitoreando sus emisiones desde 1990 e implementando estrategias para reducir su huella de carbono. En palabras de su Gerente de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad, María Jesús López, la compañía se esfuerza por fabricar productos que no solo sean de alta calidad, sino que también tengan una certificación de reducción de huella de carbono, gracias a su enfoque de Balance de Masa. Este tipo de iniciativas no solo ayudan a sus clientes a cumplir con regulaciones ambientales, sino que también promueven la adopción de prácticas más sostenibles a nivel industrial, destacando el papel crucial del sector privado en la lucha contra el cambio climático.
Como se evidencia en Chile, la combinación de políticas públicas más estrictas y un sector privado que se esfuerza por innovar y medir su impacto es clave para enfrentar el cambio climático. A medida que la presión global por la sostenibilidad aumenta, es imperativo que las empresas y gobiernos trabajen en sinergia para construir un futuro más sostenible. La experiencia de BASF demuestra que la responsabilidad social y ambiental puede ir de la mano con el éxito económico, y este modelo puede servir de guía para otras empresas en el camino hacia la carbono neutralidad. La resiliencia de Chile ante este desafío dependerá del compromiso colectivo de todos los sectores para proteger el medio ambiente y asegurar un legado viable para las futuras generaciones.













