Chile se encuentra en una encrucijada crucial en su camino hacia la modernización de su matriz hídrica, destacando un ambicioso portafolio de 64 proyectos de agua no convencional que suman aproximadamente 25.613 millones de dólares en inversión. Estas iniciativas, que incluyen plantas desaladoras, sistemas de transporte de agua y plantas de tratamiento, buscan abordar la creciente demanda de recursos hídricos en un país donde la disponibilidad de agua dulce es cada vez más incierta. Según Gustavo Estay, gerente de Relacionamiento Estratégico de CyD Ingeniería, la clave del éxito no radica únicamente en la inversión, sino en la capacidad de convertir esa inversión en infraestructura operativa, segura y confiable desde un punto de vista ambiental.
La cartera, que comprende 38 plantas desaladoras, 20 sistemas de impulsión y transporte de agua y 6 plantas de tratamiento, tiene el potencial de aumentar significativamente la capacidad de suministro de agua en distintas áreas, incluidos proyectos relacionados con minería y desarrollos de hidrógeno verde. Sin embargo, Estay enfatiza que el verdadero desafío radica en la fase de ejecución. «La ingeniería es fundamental para establecer los estándares necesarios y asegurar que cada elemento del sistema funcione de manera interconectada. Sin una correcta ejecución, incluso los planes mejor diseñados pueden fracasar”, advierte.
La complejidad de los proyectos de desalación, que requieren obras marítimas y sistemas de alta presión, demanda una gestión técnica exhaustiva. Desde procesos físico-químicos hasta operaciones en ambientes corrosivos, la ingeniería juega un papel vital en la identificación de riesgos y la resolución de posibles interferencias. La inspección técnica se convierte en un elemento clave en este proceso, asegurando que los materiales y procedimientos cumplan con los estándares necesarios para evitar futuros problemas operativos, incluyendo el reproceso y los sobrecostos. Estay subraya que un pequeño error puede tener consecuencias de largo alcance, comprometiendo la operación de la infraestructura durante décadas.
Las regiones de Antofagasta, Magallanes y Atacama, las que concentran gran parte de la inversión hídrica proyectada, presentan desafíos adicionales. En estos lugares, la coordinación entre la ingeniería, los permisos y la construcción es esencial para evitar demoras y garantizar que los proyectos se lleven a cabo sin contratiempos. Estay destaca que una adecuada articulación puede facilitar la implementación de estrategias como el inicio anticipado de obras, asegurando un avance significativo en los proyectos sin renunciar a la seguridad y el cumplimiento regulatorio.
Con miras al Congreso ACADES 2026, que se llevará a cabo del 17 al 19 de marzo en Santiago, el papel de la ingeniería y la inspección técnica en la construcción de infraestructura hídrica no convencional será un tema central del debate. Estay concluye resaltando que la verdadera transformación de la inversión en agua no convencional depende de la llegada de una ITO especializada y una gestión integrada de la ingeniería. «Sin estos habilitadores, corremos el riesgo de que los buenos proyectos se queden solo en el papel, dejando a Chile sin la agua continua y segura que necesita».













