La jornada del 1 de mayo de 2022 es recordada con dolor y consternación en Santiago de Chile, particularmente por el trágico desenlace que sufrió la reportera Francisca Sandoval. Durante una marcha que parecía más de lo habitual, Francisca, de 30 años, se encontraba transmitiendo en vivo para Señal 3 La Victoria cuando la paz de la protesta se rompió por el incesante sonido de disparos. «¡Están disparando! ¡Cuidado!», gritó mientras el caos se apoderaba de la intersección de San Alfonso con Alameda. A pesar de sus intentos por alertar a sus compañeros, su voz se perdió en el estruendo, y el tiempo se detuvo cuando fue alcanzada por una bala que terminó con su vida doce días después en la ex Posta Central. Este acto de violencia ha dejado una huella imborrable en el ámbito del periodismo y en la lucha por la justicia en Chile.
La situación vivida esa mañana ha sido recordada por otros colegas como la fotoreportera Amalia Gálvez, quien estaba presente en la misma esquina que Francisca. Amalia rememora el horror de una jornada llena de violencia y el sufrimiento por la inacción de Carabineros ante el ataque. Durante su transmisión, hizo un llamado urgente a las autoridades, denunciando la falta de intervención de las fuerzas policiales frente a los atacantes. Su relato destaca la desprotección que enfrentan quienes ejercen la libertad de prensa e informa sobre el desgarrador momento en que pudo ver a Francisca herida, luchando por comprender lo que le sucedía. La experiencia de Amalia no solo ilustra la realidad de los periodistas en Chile, sino que también abre un debate sobre la responsabilidad de la policía y el Estado en eventos de este tipo.
La memoria de Francisca Sandoval también se mantiene viva a través de los recuerdos de su familia. Nicolás Sandoval Astudillo, su hermano, destaca la pasión y el talento de Francisca desde su niñez, así como su valentía al salir a retratar las injusticias que observaba en las calles. En cada relato, él expresa una mezcla de tristeza y orgullo, recordando momentos de felicidad compartidos y el deseo de haber podido protegerla. Su madre, Mireya, expresa la angustia constante que sentía por la seguridad de su hija mientras esta daba cobertura a manifestaciones, un trabajo que consideraba arriesgado. Este testimonio familiar no solo subraya el impacto personal de su pérdida, sino también el costo humano detrás de la labor periodística en un contexto de violencia.
En la reciente Conferencia del Día Mundial de la Libertad de Prensa, el director de Señal 3 La Victoria, Benjamín Lillo, enfrentó al presidente Gabriel Boric acusando la falta de justicia por el asesinato de Francisca. Su arrojo al exigir respuestas y una investigación real del caso destaca la lucha continua por la verdad y la justicia que sigue viva entre sus colegas y familiares. A medida que se desarrollaba el evento, la imagen de Francisca ocupaba un lugar prominente, un recordatorio poderoso de un crimen que no puede ser ignorado. La defensiva del Estado y la respuesta de las autoridades ante la creciente preocupación sobre la protección de los derechos de los periodistas es ahora más crucial que nunca, sobre todo considerando la mención de la ausencia de un sumario administrativo que investigue la conducta de Carabineros el día del asesinato.
El resultado del trial de Marcelo Naranjo, quien fue condenado a 24 años de prisión por el asesinato de Francisca, trae una sensación de cierre parcial para su familia, pero no sin dejar una profunda insatisfacción. La falta de acción contra Carabineros y la percepción de un sistema que no protege a quienes cubren la verdad persisten como un eco en los discursos de sus seres queridos. Mireya y Nicolás, en sus reflexiones, abogan por un cambio que garantice la seguridad de los periodistas y que se investigue a profundidad el contexto de la violencia en que se desenvolvieron esos trágicos eventos. Mientras el recuerdo de “Pancha” se mantiene vivo en el corazón de quienes la conocieron, su legado como activista por la justicia y la dignidad continúa inspirando a quienes luchan por un futuro mejor.













