A partir del año 2025 se implementará el Día Internacional de los Glaciares, una conmemoración significativa que destaca la importancia de estos cuerpos de hielo en el contexto del cambio climático. Chile, que alberga más del 80% del hielo de Sudamérica y tiene más de 26,000 glaciares, se encuentra en una posición crucial para abordar la conservación de estos recursos hídricos. La reducción de la superficie glaciar nacional, que ha disminuido en más de 1,900 km² entre 2002 y 2018, pone de manifiesto la urgencia de actuar. Un caso alarmante es el glaciar Echaurren Norte, que ha perdido el 62% de su área, subrayando así las implicancias que esta crisis tiene sobre la disponibilidad de agua en el país.
A medida que el cambio climático avanza, la necesidad de contar con una comprensión precisa de los glaciares y su interacción con el sistema hídrico se vuelve aún más apremiante. Los catastros oficiales, basados en teledetección, ofrecen una visión de escala, pero frecuentemente no reflejan la realidad en terreno, generando discrepancias significativas. Esta brecha entre la información satelital y los datos de campo resalta la necesidad de un acercamiento integral y técnico que considere el contexto ecológico en el que se encuentran los glaciares, así como la conservación de los entornos periglaciares y el permafrost, que requieren atención especializada para asegurar su protección.
La degradación del permafrost plantea riesgos físicos concretos, lo que ha llevado a organismos financieros internacionales a demandar evaluaciones exhaustivas de estos riesgos. Integrar aspectos de peligro, exposición y vulnerabilidad es fundamental, especialmente en proyectos que afectan cuencas con criósfera. Con la reciente reforma al Código de Aguas (Ley 21.435), se establece un marco normativo que busca mejorar la recolección de datos mediante la creación de una red de estaciones de control físico, crucial para el monitoreo de volumen y características específicas de los glaciares. Este avance normativo es un paso significativo hacia una gestión hídrica más informada y responsable.
Desde una perspectiva operativa, han surgido propuestas para establecer líneas prioritarias que faciliten la conservación de los glaciares. Una de ellas es la implementación de planes piloto de monitoreo que combinen la teledetección con campañas de campo, así como la creación de una mesa técnica que involucre a diversas entidades públicas y privadas en la formulación de protocolos mínimos de inventario. Además, fortalecer la Red Hidrométrica Nacional en Alta Montaña y la publicación de datos abiertos son pasos esenciales para garantizar que la información sea accesible para la investigación y planificación, incluyendo la necesidad de fomentar la colaboración con Argentina en la gestión compartida de la cordillera.
Es fundamental entender que cerrar la brecha entre los catastros y la realidad en terreno, junto con la mejora de la caracterización del entorno periglaciar, no son objetivos contradictorios, sino condiciones necesarias para asegurar una gestión sostenible de cuencas en un contexto de creciente demanda hídrica y cambio climático. La conservación de los glaciares debe ser considerada una estrategia de supervivencia, y Chile tiene la oportunidad de liderar con estándares técnicos sólidos que promuevan el equilibrio entre la protección del agua y un desarrollo productivo responsable. La inversión en conocimientos y prácticas adecuadas es vital para abordar los desafíos que se presentan en el escenario hídrico del país.












