El 17 de enero de 2026 marca un hito en la conservación marina, ya que entra en vigor el Tratado sobre la Biodiversidad Marina en Áreas Fuera de la Jurisdicción Nacional (BBNJ), un nuevo marco legal global adoptado por la ONU para proteger la biodiversidad en alta mar. Más de 80 países han ratificado este acuerdo, posicionando a Chile como la segunda nación en hacerlo y un actor clave en la gobernanza oceánica internacional. Felipe Paredes, director de las campañas de protección de hábitats de Oceana en Chile, destacó que «la aprobación del tratado de Alta Mar nos da esperanza de que los países pueden unirse para salvar el océano global», reflejando el optimismo en torno a la cooperación internacional por la salud de los mares.
La propuesta de Chile para establecer la primera área marina protegida bajo el nuevo tratado es una medida significativa que busca colaborar con el esfuerzo global de conservar al menos el 30% del océano para el año 2030. Esta iniciativa, que se encuentra en colaboración con el Coral Reefs of the High Seas Coalition, destaca la importancia de proteger las cordilleras submarinas de Salas y Gómez y Nazca, que albergan una rica biodiversidad y ecosistemas únicos en el Pacífico Sur. La intervención busca cerrar la pesca en estas áreas, las cuales son vitales para el sustento de varias especies marinas, y se espera que pueda sentar un precedente para futuras áreas protegidas a nivel internacional.
La Dra. María de los Ángeles Gallardo, representante de ESMOI, enfatizó la relevancia del acuerdo BBNJ para la conservación de la biodiversidad en alta mar. Según ella, este tratado permite la protección de ecosistemas que históricamente no han sido gestionados adecuadamente. Las investigaciones científicas realizadas en las cordilleras submarinas han permitido identificar áreas prioritarias de conservación y comprender la conexión entre diversos ecosistemas, elemento esencial para mitigar los efectos del cambio climático. Sin embargo, la científica advierte que la implementación efectiva del BBNJ depende, en gran medida, de un enfoque basado en la ciencia, garantizando así decisiones informadas en la conservación marina.
Las recientes expediciones científicas llevadas a cabo por el Schmidt Ocean Institute en el Pacífico Sur han revelado la existencia de 170 nuevas especies y numerosos registros de vida marina, lo que resalta el potencial ecológico de esta región. Esta información proporciona datos cruciales para respaldar la propuesta chilena de establecer un área marina protegida. El reconocimiento de Chile como pionero en la aplicación de las herramientas del BBNJ no solo tiene implicaciones para la protección de la biodiversidad más allá de sus fronteras, sino que también puede influir en la colaboración internacional en la gestión de los recursos marinos.
Paralelamente, Chile está impulsando la candidatura de Valparaíso como sede del nuevo organismo de la ONU que coordinará la implementación del BBNJ. Si esta postulación se concreta, Valparaíso se convertirá en un centro internacional referente en ciencia y conservación marina. Con más del 43% de su zona económica exclusiva bajo protección de diversas categorías, Chile se encuentra en una posición privilegiada para abordar los desafíos de la conservación oceánica. La entrada en vigor del BBNJ abre un camino prometedor para fortalecer el compromiso chileno con la protección del océano y fomentar soluciones multilaterales que beneficien al medio ambiente marino a nivel global.













