La controversia en torno al cierre de Burdog, un popular local de comida rápida en Concepción, ha puesto en el centro del debate a Otakin, un anti-influencer conocido por sus críticas mordaces. Según reporta La Cuarta, fue la creadora de contenido Dafneth Mansilla quien hizo eco de la noticia a través de TikTok, señalando que el local había cerrado tras las severas críticas que Otakin vertió sobre él en una reseña anterior. «A mí no me gusta el chisme, ¿pero vieron que cerró Burdog?», comentó Mansilla, quien señaló que la reseña en la que el chico reality criticó los precios altos y la falta de baño en el local pudo haber contribuido a su cierre. Su advertencia sobre el poder destructivo de las opiniones de Otakin ha generado un debate sobre la responsabilidad de los influenciadores en el éxito o fracaso de los negocios que critican.
Conocido por su estilo directo y sin filtro, Otakin no tardó en responder a la controversia en su cuenta oficial de Instagram. Desgranó su defensa, sugiriendo que las acusaciones en su contra eran infundadas y que su crítica se centraba en la calidad del servicio y productos en Burdog. «Juzguen ustedes mismos», propuso, compartiendo nuevamente el video de su reseña para que sus seguidores pudieran formarse su propia opinión. Además, rechazó la idea de que sus críticas fueran influenciadas por la nacionalidad de los propietarios del local, refiriéndose a otro establecimiento, ‘Noblot’s’, como un ejemplo de cómo la crítica constructiva puede llevar a mejoras.
Durante su reseña, Otakin no escatimó en palabras duras al describir la oferta de Burdog. Afirmó que «estas cosas no son completos» y criticó el precio de las papas, refiriéndose a ellos como que «valen cualquier tontería». También señaló que el local incumplía con un estándar básico al no contar con un baño para clientes, lo que, según él, es inaceptable para cualquier negocio que pretenda atraer y retener a sus clientes. Estas observaciones, si bien pueden tener validez, han desatado el debate sobre hasta qué punto una crítica puede afectar a un negocio.
La situación ha generado una división entre los seguidores de Otakin y aquellos que defienden a los pequeños empresarios, quienes consideran que las críticas públicas pueden tener consecuencias devastadoras. Mientras algunos ven a Otakin como un defensor del consumidor que señala la falta de calidad en el servicio, otros apuntan que su influencia podría estar llevando a tragos amargos a emprendedores que luchan por mantenerse a flote en un mercado ya complicado. Este episodio es una muestra de cómo la opinión de un anti-influencer puede tener un impacto significativo en la viabilidad de un negocio local.
Este suceso ha reabierto el debate sobre la ética en las reseñas de influenciadores y la responsabilidad que tienen al hacer públicas sus opiniones. La línea entre la crítica constructiva y la destrucción de un negocio es delgada, y muchos se preguntan si figuras como Otakin deberían ser más cautelosas en sus comentarios. Mientras la controversia continúa, la industria de la comida rápida en Chile observa atentamente, ya que el cierre de Burdog podría ser solo el comienzo de un efecto dominó en un sector vulnerable a las opiniones en redes sociales. Sin duda, este caso servirá como un ejemplo para la discusión sobre el poder de las palabras y su impacto en la economía local.













